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En una cazuela amplia, calentar suavemente un poco del agua
de la sopa y disolver en ella la pasta de almendra (3 paquetes
o 3,5) moviendo sin parar. Añadir el palo de canela
y el resto del agua. Siempre a fuego suave, dejar que hierva
un poco para que espese. Echar entonces el pan y dejar dar
unos ligeros hervores. Verter inmediatamente en una sopera
y servir bien caliente con canela en polvo y azúcar
blanquilla para quien quiera.
CONSEJOS: No hay que sustituir nunca el agua por leche para
esta sopa. Siempre se hizo con "leche de almendras"
y no de vacas pues, hasta principios del siglo XX, la cena
de Nochebuena era de abstinencia de carne y lacticinios, por
lo que la sopa se hacía obligatoriamente con agua.
Está incomparablemente más rica y fina, en primer
lugar, y, en segundo lugar, sienta mejor después de
las abundantes raciones de comida anteriores. En aquellos
tiempos terminaba como postre y antes de los turrones una
frugal cena de lombarda o repollo en cazuela o de cardo al
horno con pan rallado y ajo fritos y zumo de limón,
cocinados siempre con aceite como primer plato, y un pescado
asado, generalmente besugo, acompañado de ensalada
de escarola y granada como plato principal. Si no se encuentra
la pasta de almendra, se puede hacer del siguiente modo. Poner
a remojar en el agua que las cubra 250 g de almendras repeladas
y crudas durante 6-7 horas. Escurrirlas y triturarlas hasta
conseguir una pasta. Mezclarla luego con 300-350 g de azúcar
molida y amasar un poco, no demasiado. Continuar como en la
receta. La pasta de almendras para sopa así elaborada
es casi un mazapán bastante más dulce.
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