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Salpimentar y añadir aromas a los riñoncitos
partidos al medio y limpios y sofreírlos muy ligeramente
en una sartén con un poco de manteca, que queden bien
rosas en el interior. Reservar.
Pedir al carnicero que deshuese la pierna dejándole
el hueso final, de modo que se pueda reconstruir en el paquete
de masa. Comprobar que dentro no le ha quedado ningún
hueso ni dureza y retirarlo en caso contrario.
Colocar la pierna en una bandeja de horno, salpimentarla,
añadir aromas si no hay riñones, frotarla con
un poco de grasa, introducir en el agujero del hueso los riñones
sofritos, si es que se desea, y reconstruirla lo mejor que
se pueda dándole forma de pierna. Asarla en el horno,
ya caliente, durante unos 15 minutos. Sacar y reservar hasta
que se enfríe.
En este intervalo hacer la masa con la harina, un poco de
sal, las yemas (a las que se habrá robado un poco para
el brillo y pegamento), la manteca y el agua necesaria para
hacer masa, muy poco amasada. No hay que olvidar que ha de
ser quebrada. Dejar reposar tapada un rato, mientras se enfría
la carne.
Encender el horno a 180º C.
Dividir la masa en 2 partes desiguales (1/3 y 2/3 ±).
Con la más pequeña hacer una base en forma más
o menos de la pierna, como un jamón gordo de medio
cm de grosor, y colocar en la bandeja del horno. Poner la
pierna ya fría encima. Pintar los bordes de huevo.
Estirar el resto de la masa al mismo grosor en un óvalo
de tamaño suficiente para tapar completamente la pierna.
Pegar los bordes, rematarlos cortando el exceso y con los
recortes hacer adornos bonitos. Pintar toda la empanada de
huevo y asar en el horno unos 30 minutos o más, hasta
que esté bien dorada y crujiente.
Servir caliente y, si se quiere, acompañar de una salsa
elaborada con los huesos de la pierna y cebolla sofritos en
manteca para dar color.
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