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Lavar las berenjenas, quitarles las hojas y cortarlas en rodajas
de unos 4-5 cm. Salpimentar por las dos caras y colocar bien
ajustadas las rodajas en una sartén grande. En un vaso
o cuenco, mezclar el agua con el azúcar y luego añadir
3 cucharadas de aceite. Verter este líquido en el fondo
de la sartén sin que moje la cara superior de las berenjenas.
Tapar la cazuela y ponerla sobre fuego hasta que la pulpa
esté un poco tierna, no totalmente cocida (8-10 minutos).
Retirar la pulpa del interior de las rodajas con ayuda de
un buen cuchillo pequeño o de unas tijeras, dejando
el interior de las berenjenas como un pequeño cuenco.
Colocar en una fuente de horno bien ajustados unos junto a
otros los trozos de berenjena.
En una sartén, calentar la mitad del aceite y sofreír
la cebolla y, a continuación, la pulpa de las berenjenas,
3 cucharadas de pan rallado y 1 de almendra molida hasta que
se seque un poco y se dore ligeramente.
Dejar templar y añadir 2 huevos batidos. Comprobar
la consistencia de la mezcla pasados unos minutos. Si fuera
muy espesa, añadir el otro huevo. Probar de sal y pimienta
y rectificar.
Mientras tanto, freír en un poco de aceite el resto
del pan rallado y de la almendra.
Rellenar las rodajas de berenjena con el sofrito. Cubrir con
el pan y la almendra fritos.
Introducir en el horno hasta que se doren ligeramente. Servir
calientes.
Estas berenjenas son, además de una magnífica
entrada de verduras, una buena guarnición para carnes
o pescados.
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